Un fabricante de lencería japones ha decidido libertar a hombre y mujeres de todo aquello que los oprime en los más profundo de su ser. O, lo que es lo mismo, propone el uso de lencería femenina y masculina sin gomas ni elásticos.

Calzoncillo de tela a cuadros escoceses en la parte delantera sujetado con elástico ancho en color negro.
El modelo de lencería más llamativo de los que ha lanzado al mercado este fabricante japonés estriba en una braga-falda que, pese a lo aparatoso del diseño, promete compensar a las féminas con el disimulo del exceso de vello o del volumen corporal.
Esta iniciativa invita a las mujeres a olvidar la lencería femenina ceñida, los tangas y braguitas, y vestirse con un “fundoshi”, una especie de taparrabos a la imagen y semejanza de los que llevaban los hombres adultos en tiempos inmemorables, y que tanto popularizó Tarzán.
La empresa japonesa de lencería Wacoal ha vuelto a ponerlos de actualidad utilizando la teoría de la “emancipación” femenina como reclamo. Hasta ahora a España sólo habían llegado modelos de lencería masculina -como el calzoncillo escocés de la imagen-, pero su uso se ha generalizado.
El director de Marketing de Nanafun, la división de taparrabos femeninos de Wacoal ha declarado que quería que “las mujeres jóvenes tuvieran un mayor sentimiento de libertad y soltura. Y mientras pensábamos en un artículo nuevo de liberación de la mujer se nos ocurrió la idea del fundoshi”.
Desde el lanzamiento de los nuevos catálogos de lencería, el pasado mes de diciembre, la firma japonesa ha vendido más de 5.000 unidades, triplicando las previsiones iniciales, según aseguran fuentes de la compañía, quien ya planea ampliar su área de negocio.
“Es fácil de llevar y está bien. También es bueno para el verano. Y ahora que está empezando a hacer calor, me imaginé que iría bien”, dijo Hiromi Iwamura, una cliente de 28 años que estaba comprando dicho taparrabos y un sujetador a juego.
Esta lencería femenina viene en diferentes colores y en estampados lisos o de cuadros. Los precios oscilan entre los 1.260 yenes -unos 10 euros aproximadamente-.
María José Sánchez-Valenzuela
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