Lencería erótica, el placer que ocultas bajo la falda

Publicado el 20 de Octubre de 2009

La lencería erótica femenina no limita su efecto a los hombres, debe excitar también a la mujer que la lleva para que la luzca con seguridad y sensualidad.

Babydoll de encaje lila con lazo negro

Babydoll de encaje lila con lazo negro

 

La lencería erótica se puede llevar bajo una vestimenta clásica dándole ese toque transgresor que elevará más la líbido al ser un “secreto oculto” entre las vestimentas. Porque ¿quién puede imaginar que tras un traje elegante de corte clásico se lleva un estupendo corsé y un liguero con puntillas?.

La lencería erótica no entiende de clases sociales y, si se busca un comercio adecuado, tampoco de bolsillos.

A veces la lencería erótica no tiene nada que ver con el modelo de vida de una persona, puede impregnar de sensualidad esa vida convencional. Se trata de seducirse a una misma, independientemente de que haya un hombre detrás.

La mera idea de mantener oculto ese lado travieso de la lencería erótica puede provocar excitación en algunas mujeres. Además, conociendo esta posibilidad puede sopesarse que, quizá, esa compañera de trabajo tan reservada y aburrida en apariencia sea aficionada a la lencería erótica de encaje o a un babydoll precioso y es que no se sabe lo que cada uno oculta bajo la blusa hasta que desaparece.

 

Un roce muy placentero

Las diferentes texturas con las que se elabora la lencería erótica provoca en nosotros sensaciones de placer insospechado. A veces un leve roce con la seda o los encajes acaricia la piel provocando una inmersión en el erotismo en cualquier momento del día.

Cada hombre tiene su propio concepto de la sensualidad, y se excita con lencería erótica diferente, algunos prefieren ropa interior atrevida, otros infantil, otros monocromática… habrá que descubrir cuál prefiere la pareja de cada usuaria para seducirse.

 

Por mjsanchezvalenzuela

Un comentario para “Lencería erótica, el placer que ocultas bajo la falda”

  1. Lorenita dice:

    Yo suelo ir a la oficina con traje de chaqueta y super comedida pero me encanta usar ligueros y corpiños, y es verdad que creo que si mis compañeros lo supieran, alucinarían porque por fuera parezco una monja. Es triste pero es la unica manera de que me tomen en serio y no pregunten como he llegado a un cargo directivo. Triste machismo.

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